Miguel Peña G.

@miguepeg

Es imposible medir el rango asesino y represor, en el que se encuentra actualmente el régimen. Imposible, porque después de 90 días de protestas pacíficas en las calles, más de 80 muertos y 1500 presos políticos, Maduro se ha graduado -con honores- y entra sin obstáculo, en el oscuro y fratricida “salón de la fama” de los dictadores latinoamericanos; y por lo vientos que soplan del mundo.

Por supuesto, toda esa violencia sectorizada y planificada no proviene de algunos de los “ilustres estrategas” que integran la dictadura y, mucho menos, del propio Nicolás. Estas acciones de asesinatos a mansalva y violaciones fundamentales de DDHH, tienen un solo actor intelectual; Raúl Castro. Evidentemente, la saña desmedida mostrada en las últimas semanas y días confirman sobre manera, que es una política establecida y ejecutada desde Cuba, con la anuencia del más alto nivel gubernamental -Miraflores, tsj, «fan» (en minúsculas y sin B), a fin de exterminar a los venezolanos demócratas que ya no creen las mentiras rojas.

Todo un país ha levantado su voz en rechazo, no solo a un modelo fallido, sino a un grupo de mafiosos que no quieren dejar los negocios y la prebendas que les ha dado el poder. De allí la declaración de guerra del dictador: “lo que no conseguimos con los votos, lo conseguiremos con las armas”. Una conjura que, si bien ha desatado la más grosera y criminal de las represiones -7 muertos en 48 horas-, comienza a unificar a todos los sectores del país en dos objetivos claros: defensa de la CBRV y la salida de Maduro con todos sus secuaces.

Bajo esta sórdida transformación de Maduro, las “fan” saben que el final llegó, sobre todo, luego de esa sentencia emitida por un dictador frenético y fuera de si. Los militares dentro de su miedo cerval, entienden que el régimen se derrumba y al mismo tiempo, saben que el desenlace -cualquiera que este sea- irremediablemente será responsabilidad del «ejército, la aviación y la armada»; por acción u omisión. Lamentablemente, para los militares su tiempo ya pasó. No tendrán cabida en la gesta que los civiles, representados dignamente por la resistencia de los jóvenes, nos hemos encargado de emprender. La «fuerza armada» tomó posición y la historia será quien los juzgue.

Los lamentos románticos y patrióticos se diluyen con el ruido ensordecedor de las lacrimógenas asesinas; los perdigones de plomo; las balas; la destrucción de muros de edificios; residencias saqueadas; el empujón al presidente de la AN; las cajas del «cne» con supuestas armas en la sede del parlamento; los asesinatos; las torturas; en fin, todo esto aplasta de forma categórica el más mínimo resquicio de institucionalidad y de valores castrenses. En la última encuesta de Datanálisis las “fan” son evaluadas y los resultados las posicionan, como una de las peores instituciones valoradas del país, demostración inequívoca del decadente presente militar. El 73,3% de los encuestados califica la gestión de la «fuerza armada” como negativa.

Repudio o animadversión, son calificativos cortos en comparación con las manifestaciones de rechazo mostradas en contra de oficiales y personal de tropa en algunos centros comerciales. Pasaran lustros para que los militares puedan usar uniforme en público. Se lo han ganado a pulso, por la acción ignominiosa de un grupito, es verdad, pero también, por el silencio de esa supuesta gran mayoría que se dice institucional. Solo el hecho de que un funcionario del CICPC, raptara un helicóptero -sea verdad o mentira- y haya manifestado descontento en contra del régimen, los deja en una posición precaria ante el llamado agónico que les hace la patria en estos momentos de crisis.

Nicolás Maduro ha mutado, eso sin dudas. Paso de ser un triste resentido con poder, a un dictador sanguinario que busca imponer una ANC en detrimento de toda persona que le adverse. Ya no hay escrúpulos ni respeto por nada ni nadie. Su consigna es destrucción, persecución y sangre. Entró en el terreno de las comparaciones. Algunos lo asemejan con Rafael “Chapita” Trujillo, otros atinan a compararlo con Jorge Videla. A estas alturas, es posible igualarlo hasta con Saruman el Blanco.

A pesar de ser un dictador “híbrido”, Nicolás deja su impronta criminal al mostrar en las redes sociales en vivo y directo, su encono contra los venezolanos. Carente de apoyo popular, sin petrodólares suficientes, con la comunidad internacional deplorando su accionar, desconfiando de sus militares y con un estado físico que denota cansancio, es oportuno decir que su tiempo concluyó. Vive periodo de gracia en Miraflores. A Maduro le resta la última transformación, la del dictador renunciante.

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