Tras el 2-8 ante el Bayern, buena parte del barcelonismo esperaba la dimisión de Bartomeu, pero no fue así, y la junta contrató a Ronald Koeman como nuevo DT para que pilote una suerte de revolución. El primer movimiento del holandés: una llamada de apenas un minuto a Luis Suárez, amigo íntimo de Messi y tercer máximo goleador de la historia del club, para comunicarle que no cuenta con él.

Solo 24 horas después, Messi anuncia al Barça a través de un simple burofax que quiere marcharse. El jugador busca acogerse a una cláusula incluida en su contrato desde 2017, que le permite marcharse gratis si lo solicita 20 días antes del final de temporada (el 31 de junio). Por ello, el club le respondió que el 10 de junio era la última fecha posible, mientras el argentino aparentemente defiende que, al haberse alargado la temporada por la pandemia, la cláusula siguió vigente.

Este desencuentro puede provocar una batalla legal que provocaría una profunda herida en el barcelonismo. No está claro quién terminaría teniendo razón, pero es probable que la junta de Bartomeu trate de convencer a Messi de buscar un traspaso para evitar que un proceso legal largo depare una imagen patética, la del argentino entrenándose solo, apartado de la plantilla o peor la del astro de Rosario fuera del Barcelona.

Cortesía: Mundo Deportivo y Diario AS

Redacción : Samuel Hidalgo Velasco

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