Hace un par de años atrás, acompañé a Juan Guaidó en una gira de medios en el Zulia, en solidaridad con el dirigente y diputado del Consejo Legislativo del estado Zulia (Clez) para ese entonces, Lester Toledo, perseguido y obligado abandonar el país por denunciar la corrupción del gobernador Francisco Arias Cárdenas.  

Entre una visita y otra, recuerdo que Guaidó me relataba sobre su adolescencia y la experiencia que vivió junto a su familia durante la tragedia de Vargas ocurrida en diciembre de 1999, la cual lo marcó para siempre; su casa se inundó y tuvo que a abandonarla junto a su mamá y hermanos para ir a refugiarse en el municipio Machiques. Tras la “normalización” de la situación lograron recuperar la vivienda, pero la familia se dividió.

Sólo el que vivió el desastre de Varga, y los que lo cubrimos como periodistas, sabemos lo que significa perder todo en cuestión de horas y quedar a la deriva, deambulando y sin un futuro en el horizonte.

Guadió es hijo de la tragedia de Vargas, lo que me hace considerar que la sensibilidad social es parte de él, parte de su esencia como persona. Su lucha social comenzó en el 2007 tras el cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV), posteriormente se incorporó a una organización política y desde ese momento acompañó a varios dirigentes en ese duro camino en el que a unos los llevó cárcel, al exilio y hasta a la muerte.

Juan Guiadó, con apenas 35 años de edad, ahora tiene un gran reto al presidir desde el próximo 5 de enero de 2019 la Asamblea Nacional.

Lo primero que considero debe tener en cuenta, es estar consciente que esa presidencia es producto de la expresión de un acuerdo nacional de los principales partidos políticos, compromiso que han respetado y al que se llegó luego del triunfo de las parlamentarias en diciembre del 2015, fecha histórica y de quiebre, pues la oposición demostró que sí se le puede ganar al Gobierno de manera contundente, y el Gobierno también entendió que puede perderlo todo.

Lo segundo a tener presente es la sensatez para dirigir al único poder legítimo y autónomo que sigue en pie a pesar de los zarpazos y ataques de lado y lado; y que ha frenteado a este Gobierno que no respeta ni las señales de tránsito. Con aciertos y desaciertos, los antecesores de Guiadó culminaron sus períodos, y eso es importante reconocer y destacar.  

Dicen que aprender de los errores es importante, pero lo es más si no se cometen nuevamente, es decir, ni excesos con la lengua, ni silencios para pasar por debajo de la mesa.

El próximo presidente de la Asamblea Nacional, por cierto, el más joven de la historia, recibirá un Parlamento en el que sus colegas y compañeros diputados no cobran, y sus trabajadores lo hacen a medias, razón por lo que hay que organizar  la casa primero para poder funcionar y evitar que se le caiga encima, pero eso sí, que no lo consuma esa situación. Hay que avanzar en la instrumentación de leyes, mantener la posición de lucha contra el Gobierno y tener la inteligencia de no dejarse llevar por la emoción, ni pisar los peines de las adulaciones y egos.

De entrada tendrá que marcar el destino de la gestión, sin desgastarse en peleas superfluas por la presencia o no de un cuadro del fallecido Hugo Chávez; hay que recordar que a partir del 10 de enero estaremos en presencia de un Presidente de la República ilegítimo que poco le importa ese título y que se sostiene con los poderes construidos a su medida, y que precisamente en el 2019 cumplen nada más y nada menos que 20 años en el poder.

La razón deberá imperar en todo momento pues el radicalismo y el fulano cuento de camino de que el Gobierno esta caído, que el trabajo internacional ya está listo para despojar al inquilino de Miraflores, es sólo parte de la ficción.

El reto de Guaidó estará en mantener a la oposición unida, que actualmente no lo está, cabalgar sobre las diferencias y tener claro que a veces es mejor un mal acuerdo, que un juicio exitoso; entre la estupidez y la locura sólo hay un paso.  

A Guaidó lo acompaña el tiempo, es decir, estar en el momento preciso y a la hora indicada; pudieron ser otros, pero ya eso no es tema de discusión.

El 2019 será un año crucial para Venezuela.

Edward Rodríguez
@edwardr7

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