Miguel Peña G.

@miguepeg

Al tratar de sopesar mil y un pensamiento, siempre llego al mismo rincón existencial. ¿En qué país vivo? Ciertamente, existirán más de 10 millones de respuestas a esa pregunta, pero quizás, ninguna acierte a despejar a plenitud este intrincado y tóxico acertijo que, solo nos ha traído incertidumbres, confusión y ganas de correr; maleta en mano.

Actualmente es triste para todo venezolano, no poder hilvanar frases que le permitan describir -sin vacilación- su presente y como avizora socialmente su futuro; más bien, ocurre todo lo contrario. Gracias al germen nocivo chavo-madurista, la identidad ciudadana que nos caracterizaba se ha venido a menos, por no decir que se extinguió, Venezuela está algarete y sin dirección. Se encamina por el barranco más despreciable de toda su historia, claro, con el mamarracho de chofer que nos gastamos en la primera magistratura, que podemos esperar.

Increíblemente, todos los días ocurren hechos que muestran realidades paralelas. Es como si el país albergara distintas sociedades, que tratan de sobrevivir a toda costa en detrimento de la otra, sin importar a cuantos se lleve por delante.

Aveces se hace difícil tener una panorámica del verdadero país que tenemos. Sin embargo, si echamos ojo a la última encuesta de Condiciones de Vida 2016 (ENCOVI) -elaborada por la USB, UCV y la UCAB, junto a un grupo de ONG– podremos definitivamente asegurar que al venezolano lo cambiaron. Por ejemplo, la encuesta reveló, que las hortalizas y tubérculos se convirtieron en los sustitutos de las carnes rojas y blancas.

La dieta venezolana es insuficiente, no alcanza las 2.000 calorías diarias que cada persona debería consumir. Por esta razón, la investigación de la Encovi arroja que 74,3% de la población ha perdido al menos 8,7 kilos de peso de forma no controlada en el último año. Los pobres extremos afirman que han bajado más de 9 kilos.

Otro dato alarmante presentado: el 93,3% de los venezolanos no les alcanza el dinero para cubrir sus necesidades alimentarias. Esto explica, que las grasas buenas hayan prácticamente desaparecido de la dieta diaria, que las meriendas se hayan convertido en un lujo, que solo 78,1% de los encuestados desayune todos los días, y que 9,6 millones de personas coma apenas dos veces al día (runrunes.com). En resumidas cuentas, oficialmente somos más pobres que Haití. Mientras ese desgarrador ambiente envuelve, prácticamente a toda la geografía nacional, suceden hechos insólitos que confunden sin piedad el drama social que padecemos y que parece no tener final. Con una economía subyacente en el mismo averno, de la noche a la mañana aparece un venezolano esquiador, Adrián Solano, compitiendo en el mundial de esquí celebrado en Francia. Más allá de lo anecdótico del asunto –que un país participe en deportes de invierno, cuando no tiene ni para limpiarse el rabo- lo realmente preocupante es que, la triste imagen vista en el ámbito mundial de una persona sin noción de lo que hacía, de donde y porque se encontraba allí, es la representación fiel de los dieciocho años de régimen chavista; improvisado, incapaz y corrupto.

Por otro lado, como si nuestra dignidad social no hubiera sido mancillada y ultrajada, los “magistrados del tsj” chavista nombran a Maikel Moreno, presidente del tribunal. Poca resta por comentar, lo cierto es que Venezuela se hace presente en la historia mundial. Es decir, ninguna corte o tribunal ha sido presidido por una persona con prontuario policial y nunca un esquiador de invierno, compitió sin saber que es la nieve; hecho en socialismo.

En época carnavalesca las comparsas abundan. Aunque usted no lo crea, el régimen de Maduro -indolente al grado de crueldad- y la oposición gritan la misma consigna: carnavales pa’ todo el mundo. Sabemos, que una de las estrategias usadas hasta la hartazgo por Chávez y su heredero, es la negación de la realidad, pero que los alcaldes de oposición hagan lo mismo resulta indignante. Ambos lados decretan fiestas y gastan inconmensurables cantidades de dinero en montar tarimas, contratar artistas y forrar de publicidad todas las ciudades. La pregunta sería -sobre todo para algunos alcaldes de oposición- ¿porque no hacen fiestas de comida gratis, para las personas que comen de la basura o no pueden comprar alimentos? Claro, imagino que es más importante colgarse una careta y seguir siendo disfraces de gobernantes.

César Miguel Rondón en su editorial ¿cuantos países tenemos? después de abordar varias realidades simultaneas que vive el país y de mencionar cronológica algunas de ellas -el caso de “wilmito” en Margarita, el aumento de la cesta ticket, la reestructuración del PSUV- afirma de manera atinada: “He aquí un manojo de países que, aparentemente, se encierran en la misma geografía que corresponde a un cierto país llamado Venezuela. Escoja usted el suyo”.

A ciencia cierta y por más vuelta que le demos al asunto, y aunque muchos seguimos en esta tierra, la verdad es que nos encontramos prácticamente exiliados virtualmente, pues cada vez que sabemos de cosas tan dantescas -el asesinato de la liceísta en Caricuao- surge de inmediato la interrogante: ¿en qué país vivo?

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