Luego de la infructuosa sesión de negociaciones realizadas en Santo Domingo y el adelanto desesperado de las presidenciales, el panorama nacional -en todos los ámbitos- se ha enrarecido enormemente. Es extraño, no solo por desconocer a ciencia cierta cuál será el futuro de Venezuela al término del primer trimestre del año, sino porque el descalabro integral que vive el país día tras días -gracias al avance destructivo del régimen- ha puesto de manifiesto uno a uno los sórdidos planes de Maduro para seguir en el poder; ya no importa el cómo. No hay espacio para absoluciones de pecados y errores, el madurismo se regodea en su propio lodazal, despojándose de todo principio moral y democrático conocido.

El circo presidencial que se han inventado en Miraflores a través de su oficina electoral ha dejado al descubierto, las verdaderas intenciones que tuvo el régimen en alargar, hasta donde fuera posible, el proceso de negociación con la MUD. La estrategia se sustentó en darle a la comunidad internacional, algunas señales de querer entablar acuerdos y cumplir con algunas exigencias realizadas por la oposición. El único propósito era llegar -a trompicones- al año 2018, a fin de que el régimen pudiera barnizar constitucionalmente, una convocatoria a elecciones; consulta que es y será, desconocida por el mundo entero.

Irremediablemente, desde el adelanto de las presidenciales se configuran dos hechos que se deben tomar muy en cuenta. El primero, es que se abre una brecha inmensa entre el simple acto de votar y el poder elegir libremente, con las garantías contempladas en la Constitución y en las normas electorales, a un nuevo presidente. Un derecho que el combo de obsecuentes rectoras viola constantemente. Segundo, si bien la elección presidencial corresponde hacerla este año, se transforma de plano, en un evento comicial irrito e inconstitucional desde su génesis, luego de ser convocado por la “Asamblea Nacional Constituyente”. Esto a todas luces, convertirá a Maduro formalmente, en un presidente carente de legitimidad de origen.

La Unidad Democrática ha dejado clara su posición frente a las elecciones del 22A, más aún, cuando la campaña de descrédito que los acompañó durante el proceso de negociación fue brutal y desgastante. La MUD en un comunicado detalla, sin cortapisas, “las condiciones no negociables para que haya una elección libre en Venezuela”. Anuncio que pone una zancadilla a la táctica madurista; conseguir un contendiente creíble. Con esa decisión, la oposición va de apoco encaminando una estrategia coherente de cara a los días que se avecinan, incluso, más tumultuosos y oscuros que los vistos en estos tiempos.

Mientras la oposición representada en la MUD decide no participar en la farsa, salen a relucir las oscuras trampas a las que nos tiene acostumbrado el chavo-madurismo. Candidatos desconocidos, corruptos y chavistas camuflados, asoman el gaznate para presentarse como opción contraria a la dictadura. Ciertamente, en este concierto de títeres y payasos el más “reluciente” es Henri Falcón. En principio, se hace imperioso comprender que, Falcón no representa a nadie. Lanzó su candidatura de forma individual, sin importarle las advertencias hechas desde el seno unitario. ¿Nunca estuvo en la unidad y forma parte de un plan parecido al de Arias Cárdenas? Es lógico pensarlo. Sin embargo, Colette Capriles me comentó algo que me dio una perspectiva distinta: “En realidad en política no hay siempres. Y en este caso tampoco”. Nada es como lo vemos.

La infortunada inscripción de Falcón quizás funcione como catalizador reflexivo a lo interno de la Unidad Democrática. En política los actos impulsivos, erráticos y deshonestos generalmente causan ese efecto; a las pruebas me remito. Criticamos la lentitud de la unidad para pronunciarse en los temas de interés y, rápidamente, después de la postulación del líder de Avanzada Progresista, la respuesta fue inmediata, contundente y sin espacios a la especulación. Falcón is out. El liderazgo opositor inicia la reconstrucción de la unidad, amparados en el Frente Amplio Nacional y, además, deja por sentado las condiciones que deben cumplirse para que haya una elección presidencial equilibrada y ajustada al Estado de Derecho. Maduro espetó: “Nunca les voy a dar la garantía de que nos ganen las elecciones”. Conjura que se diluye, porque a pesar de que fabrique candidatos a granel, participará solo. La oposición está decidida, la única condición es lograr condiciones.

Miguel Peña G

@miguepeg

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