Llevo varios meses tratando de escribir sobre los populares “morrales tricolor” que regaló el gobierno a niños, niñas y jóvenes de la patria en condición escolar; uno va por la calle y de pronto ve que una madre carga en su espalda el morral, un obrero lo lleva para guardar su muda de ropa, un indigente lo carga para guardar lo que recoge de la calle, un vigilante lo usa para guardar su uniforme; en fin, una gran parte de la población venezolana carga a cuestas el morral que almacena la pobreza que se refleja en los rostros de sus usuarios.

Uno que otro alumno aún conserva el bolso, pues seguramente sus padres lo tomaron prestado por tiempo indefinido, pero quienes sí se beneficiaron del “morral tricolor” fueron el importador o fabricante de los millones de piezas esparcidas en todo el territorio nacional y hasta internacional, porque también los hemos visto cruzar las fronteras en la diáspora.

Este lunes 17 de septiembre inició el año escolar 2108-2019, los grandes ausentes fueron los niños y los morrales “bussines”. A diario me encuentro  con más padres y representantes que me comentan que aún no han inscrito a sus hijos por falta de dinero, que no les han comprado los útiles ni mucho menos un par de zapatos. Ir a clases era alegría para los niños, pues ese primer día estrenarían pantalón (o falda), camisa, zapato, morral y útiles;  eso quedó en la historia y en el recuerdo hasta el período de Chávez y toda la Cuarta república.

La miseria de un gobierno como el venezolano cuyo mandatario, de regreso de su visita a China se dio un banquete en uno de los restaurantes de alta categoría mundial en Turquía como el de Nusr- Et Sandel Bedesteni, quedará para la posteridad. Eso es lo que muchos llamarían “pornografía del poder”: buenos restaurantes, buen reloj, disfrute de un habano; esto es como la tos: no se puede ocultar.

Señor Nicolás, tome nota, por citar unas cifras serias le doy estas que ofreció Gualberto Mas y Rubi, aguerrido defensor de los derechos de los maestros, secretario general de Fetramagisterio y del Sindicato Único del Magisterio, en 153 planteles en el Zulia sólo asistieron 232 alumnos, o sea, 97% de ausentismo escolar; y esto es sólo una muestra de un estudio realizado el mismo día de regreso a clases.

¿La razón? Infinitas: los padres no tienen cómo comprarles el uniforme a los muchachos, mucho menos los útiles escolares, tampoco tienen para darles la merienda, los maestros no tienen efectivo para el pasaje, tampoco tienen para un bocado de comida, y a los dependientes de la Gobernación del Zulia por ejemplo, no les han pagado desde el 8 de septiembre cuando les depositaron la última quincena de agosto.

Según el recién nombrado, por segunda vez, ministro de Educación, Aristóbulo Isturiz, la matrícula de prescolar y primaria es de siete millones y medio de estudiantes; en Zulia sería de 450 mil, pero si sólo asistieron 232 alumnos a 153 escuelas, algo grave está pasando.

A estas cifras que alarman, hay que sumarle las ofrecidas por Susana Raffalli  en un tuit, la cual refleja que 4.444 alumnos (Fe y Alegría), han visto partir a sus padres, 3.500 maestros han renunciado (AVEC), 400 escuelas privadas cerrarán sus puertas (ANDIEP) en el 2018; y en las escuelas de Fe y Alegría menos del 50% de la matrícula escolar del 2017 se han inscritos.

En resumen, podemos concluir que vivimos un ausentismo escolar histórico y sin precedentes. En Venezuela la educación que fue de primera y competitiva de la que gocé y me formé, hoy está a punto de fallecer, el modelo socialista implantado ha fracasado y de no revertirse se llevará por delante dos generaciones de venezolanos que no serán los que hoy salen en manada emigrando a otros países con un título bajo el brazo.

El morral del ausentismo escolar tiene un origen, el “hombre nuevo” ha llegado para quedarse sin estudios, sin alimentos y sin oportunidades.

Edward Rodríguez
@edwardr74

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