Por Mariángel Suárez Así lo veo yo

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Inevitablemente iba a suceder. Lo más seguro que tenemos los seres humanos son los cambios, sean externos o internos. Son indetenibles pero necesarios. A veces somos conscientes en el momento exacto que suceden, en otras ocasiones, no nos damos cuenta hasta que afrontas las cosas de manera distinta a como lo venías haciendo. Lo cierto es que transformarse es un proceso en el que involucramos todo lo que tenemos y somos, y no hay edad para dejar de hacerlo es constante pero, insisto, necesario.

Nosotros los venezolanos, hemos tenido que buscar caminos para afrontar la transformación tan brutal a la que estamos siendo sometidos. Pero además, también estamos obligados encontrar la fórmula que nos permita mantener la esencia que nos define y que no nos diluye en un ambiente tan adverso. Yo creo que quien no esté aquí no puede entender en su justa medida las aberraciones que se materializan en esta tierra.

Pero bien, pasan muchas lunas y muchos soles hasta que un día te levantas y te das cuenta de ciertas cosas. Desde hace algún tiempo, mi agenda telefónica con los contactos mis amigos y conocidos cambió, pues tuve que agregarle países al apellido, ahora dice algo así: Anazam-México, Anabel-Miami, Nayi-Chile, Janet-Atlanta, Kare-Panamá, Andrea-Ecuador. Rei-España, bueno sigan ustedes. Pero más que nombres son personas que forman parte de mi historia, de lo que soy, y que ahora están dejando su impronta en otros.

Hace poco celebré mi cumpleaños, ese día recibí muchísimos mensajes, llamadas, vídeos, las redes unen definitivamente, pero nunca me cansaré de agradecer a la vida que pese a los cambios esas misivas estaban personalizadas y cargadas de la semántica de nuestras relaciones. Lo que quiero decir es que todos y cada uno de nosotros hemos cambiado, los que nos hemos quedado y los que se han ido hemos dejado en el camino una parte de nosotros, pero cuando de verdad valoras lo bueno que has tenido siempre consigues el espacio para rescatar un poco de lo que fuimos.

En medio de un mundo tan atomizado, loco y cruel mantener aquello que nos ha hecho bien en la vida es una tarea necesaria, recordar y cuidar a quienes nos hacen sentir que somos importantes es vital.

Confieso que he cambiado. Ya no me obsesiono por aquello que no tengo, trato de valorar lo que está al alcance de mi mano. Agradezco gestos, tener salud y amor en mi vida. A mis afectos los cuido, porque sé lo que significa no tenerlos, eso me lo enseñó la pérdida de mi Concha. Ejerzo mis emociones porque en un país como este la indolencia anda suelta. Practico la solidaridad, porque no es necesario cambiar a muchos pero con tocarle el alma a uno o algunos es suficiente. Dentro de lo que aprendí, entendí que el despecho se supera pero las decepciones te marcan.

En fin, la vida a veces nos somete a una centrífuga en la que algunos creen que perder la sonrisa es sinónimo de madurez, apartar a amigos de siempre por los nuevos es igual a avanzar (no toman en cuenta que los recuerdos son fastidiosos y no piden permiso), que cambiar es erradicar tu esencia y que tener más conocimientos e idiomas te hace mejor persona.

Bueno cada quien escoge como vivir su vida, como asumir los cambios y a quien deja en el camino para ello. Particularmente, sigo creyendo en el amor, en la amistad y en que, como decía Saint Xupéry, lo más importante es invisible al ojo humano.

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