Por Mariángel Suárez Así lo veo yo

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Arrancamos el 2017 y, para una gran parte del mundo, esto significa mucho más que un cambio de dígito, es la oportunidad de reeditar los mismos meses del año pero con energías nuevas y con expectativas de alcanzar metas, o al menos, asumir cambios que les permita avanzar en sus propias vidas.

Para los venezolanos que están por todo el mundo y, sobretodo, para quienes aún estamos aquí, este país se convirtió en una quimera, por el simple hecho de querer hacer regresar no sólo personas sino momentos y maneras de vivir que simplemente no volverán. Esto no es pesimismo es realidad, un mes en este país equivale a un año de cambios, de allí que los caminos que transitamos los venezolanos sean realmente complicados.

El pasado año, sólo por hacer referencia a que existe un número distinto en el calendario, y para no destacar que seguimos en condiciones similares, me demostró algo que Churchill resumió muy bien cuando dijo “un fanático no puede cambiar de opinión, y no quiere cambiar de tema”, en estos momentos, tengo la certeza que en este 2017 seguimos bajo las premisas de los mismos fanáticos. Ante esto qué podemos hacer, seguir regados alrededor del mundo o aguantar sembrados en Venezuela. Como yo lo veo, ambas sólo pueden aclararse asumiendo que aquello que vayamos a hacer debe estar bajo el convencimiento de hacerlo nosotros, por nosotros y para nosotros. No olvidemos que hasta en la guerra existe un momento de silencio para pensar hacia dónde ir para sobrevivir.

“La política es tan emocionante como la guerra y no menos peligrosa. En la guerra, te matan una vez pero en la política muchas veces”, esto también lo dijo Churchill con un inusual humor negro rara vez visto en un británico. Ese mismo tipo de humor que hemos desarrollado los venezolanos para etiquetar el juego macabro de los de turno.

En fin, ante el panorama que se presenta en nuestro país, pareciera que Venezuela se convierte, en este nuevo año, en nuestra quimera, es decir, en un sueño, una ilusión que debemos anhelar, perseguir y hacer realidad ese el tipo de esperanza que me atreví a plasmar en mi primer post de este 2017, siendo este un buen año como puede ser cualquier otro para decidir cambiar lo que está mal y hacer que las cosas funcionen. Me gusta pensar que nada en la vida se pierde, que todo se transforma y que aquello que nos haga crecer bajo cualquier circunstancia siempre valdrá la pena.

Sin embargo, más allá de todas las cosas que me parecen peligrosas en esta Venezuela, hay una que de verdad creo que marcará la diferencia en los años venideros, cuando cambiemos muchas veces de dígito, y sólo contemos con generaciones que sabrán leer y escribir pero no estarán siendo educadas para pensar, serán analfabetas de otra manera porque se habrán acostumbrado a obedecer y no a cuestionar.

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