No existe excusa para abandonar a un hijo, mal padre es el que no ve por el sin importar que haya pasado!

Con esta carta te digo, como padre de mis hijos, que te estás perdiendo lo mejor en la vida. Estás dejando pasar todo lo que vale la pena. La magia de su infancia se te escurre como arena entre los dedos. Los mejores momentos que puede experimentar y compartir un ser humano, las más memorables anécdotas, se van y nunca volverán.

Te estás perdiendo demasiado por qué tu prioridad no es tu hijo.

Lamento el modo en que dejas pasar la frescura e inocencia de su niñez. Siento pena cuando veo el amor y la alegría que desperdicias con cada segundo que evitas a lo más lindo que nos ha podido regalar la vida.

Comprendo el vacío que hay en tu mirada porque aprecio sin dificultad alguna aquello que falta en tu corazón. Incapaz de cumplir con tu obligación como padre, dedicaste noches, para ti y para otras personas y días a reponerte cuando la verdad del universo estaba dentro del hogar. En definitiva, te estás perdiendo todo.

Miré hacia adelante, como siempre, como me enseñó la vida a fuerza de golpes. Por y para ellos, mis pequeños angelitos. Pretendí no pensar en lo que de verdad  sucedía cada día tras la separación que provocabas, y el mal ejemplo que dabas. Inmaduro, estás tan confundido que no puedes apreciar el tesoro que tienes al alcance de las manos desde el día en que llegaron a nuestras vidas.

Deberías de ser un caballero al que los niños puedan admirar e idolatrar. 

Por aquí los días pasaban cargados de un amor puro, profundo, incondicional. Teñidos de color, musicalizados por sus bellas y dulces voces. Entre juegos, canciones, nanas y las más desopilantes ocurrencias infantiles, las horas vuelan mientras escribimos en el anecdotario locuras inolvidables.

No te culpo

Tampoco te odio porque solo puedo experimentar lástima y tristeza. Desde luego, desearía que las cosas fueran diferentes, sobre todo, porque te estás perdiendo lo mejor en la vida. Sin embargo, yo ya te he dejado ir. Cumpla pues, esta carta su papel: advertirle al padre de mis hijos que el tiempo no da marcha atrás.

Todo el tiempo que derrochaste mientras yo disfruto de cada segundo a su lado. Acuéstate con quien quieras cada noche, que yo tengo la fortuna de dormir abrazada a mis reliquias en miniatura.

Sigue perdiendo el tiempo y dando excusas para evitar estar con tu hijo o solo estar de raticos padre de rato ( irresponsable ) que yo les enseño a mis niños a ser artistas, médicos y todo lo que quieran y sueñan. Tú podrás hacer alarde de salir con muchas personas, yo me enorgulleceré de alimentar un amor que durará toda la vida.

Continúa como acostumbras, inventa excusas mientras yo creo recuerdos. Te sorprendes de las cosas que los niños aprendieron y de su crecimiento e inteligencia. A mí, por el contrario, no me resultan para nada desconocidas.

Es que yo he sido la encargada de darles enseñanzas y transmitirles valores. Algo que ni siquiera sé si tú sabes o puedes hacer. Lamento que te sorprendan las muestras de afecto, cariño y protección entre ellos. No me despeina, sé lo dulces y compañeros que pueden ser. Mi fortaleza en tanta debilidad les ha hecho amar tal como yo los amo.

Te estás perdiendo lo más bonito de la paternidad

Mientras vives de manera egoísta y narcisista, te estás perdiendo lo más bonito de la paternidad. Un rol que, en efecto, te queda demasiado grande porque ser papá no es solo una función biológica, sino que se trabaja a diario. Además, el simple amor hacia ti mismo sin importar las consecuencias.

No sabes lo que quieren y les apasiona, no conoces sus sueños y miedos, sus logros y fracasos, lo que los frustra y sus dificultades en la escuela: cuestión que, como bien avala un estudio de la Universidad de San Carlos de Guatemala, es probable que también tenga que ver con tu ausencia. También desconoces sus comidas, canciones, libros y juegos favoritos.

Tampoco sabes cuáles son las actividades que aprendieron y que los hacen brillar aún más. Seguro también te perderás los entrenamientos y competiciones, mas yo tendré la tranquilidad de ser aquella persona en la que se apoyen, la mirada que busquen entre las tribunas para saber que todo estará bien.

No escribo con enfado esta carta, al fin y al cabo, eres el padre de mis hijos; además, entiendo que nunca tuviste la capacidad de cambiar el chip. Sin embargo, te estás perdiendo todo, mientras yo disfruto cada segundo al lado de nuestra misma sangre.

Foto archivo

LD

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